Con motivo de la exposición en MONAT Gallery, Madrid, a partir del 24 de julio de 2025
Por Álvaro Gómez Gómez
Curador e investigador en arte contemporáneo
“Cada línea es un soplo. Cada punto, un latido. Lo demás es escucha.” — L.B.
Hay encuentros que no ocurren en el tiempo, sino en la intuición. Así es la serie Diálogos de Lorena Barros: una constelación íntima donde dos grandes astros del arte moderno—Yayoi Kusama y Joan Miró—entran en conversación a través de la mano y la mirada de una artista que no imita, sino invoca.
Lorena no cita ni homenajea de forma literal. Lo que hace es mucho más sutil y valiente: construir un lenguaje propio desde la resonancia. En estas tres piezas, que se expondrán a partir del 24 de julio en la galería MONAT de Madrid, el espectador es invitado a presenciar una danza de signos, colores y energías donde lo que está en juego no es sólo la forma, sino la vibración emocional que queda después de mirar.
En la primera obra, el ojo del universo se abre en una espiral de puntos negros y rojos que evocan el infinito de Kusama, envuelto por líneas gestuales que bien podrían haber salido del taller celeste de Miró. Hay tensión y abrazo, caos contenido, una geometría afectiva que no busca representar nada, sino sugerir el estado de estar entre dos mundos.
La segunda pieza es más contundente: una gran forma negra pulsa en el centro como si la materia estuviera a punto de desbordarse. Alrededor, los colores primarios—amarillo, rojo, azul—flotan como células de alegría y fuego. Es aquí donde se siente la pulsión vital de Miró, su capacidad de convertir la infancia en filosofía, mientras los puntos que se agrupan en enjambres nos recuerdan la obsesión de Kusama por el patrón como salvación.
Y la tercera obra es quizá la más poética: los círculos negros flotan en un vacío lleno de presencias invisibles. Una gran esfera amarilla, solar y maternal, parece anclar el conjunto a la tierra. Líneas vibrátiles recorren la superficie como nervaduras de un mapa cósmico. Aquí Lorena parece hablarnos de la distancia, de la soledad luminosa que hay en cada artista, y de la posibilidad de tocar, a través del arte, ese otro que nos habita.
Diálogos es una serie breve, pero intensa. Un gesto de amor a quienes le han enseñado que pintar no es reproducir el mundo, sino abrir una puerta hacia su misterio. En estas obras hay disciplina, pero también juego; hay repetición, pero también trance. Lorena Barros no sólo pinta: escucha, transmite, canaliza. En el acto de unir a Kusama y Miró, se encuentra a sí misma.
Y nosotros, espectadores, somos testigos de ese descubrimiento.